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 Kado, el camino de las flores. Kado es una forma más de meditar, de descubrir la belleza interior de cada uno y contar nuestra verdad. Nuestros ojos pueden ver detrás de lo visible y nuestros dedos ven al tocar; el cuerpo puede mantener esa postura digna que le hace sentir que también tiene su lugar y nuestra percepción nos ofrece una nueva perspectiva, la de apreciar el mundo. Kado significa poner el corazón en nuestros dedos, en nuestros ojos y tocar el espacio de otros corazones con suavidad y respeto, una elegante manera de acercarnos a las cosas, una apertura o un florecimiento y en definitiva una metáfora de vida. Significa disciplina y también devoción y ritual. Es real, tangible. Las flores y las ramas no le dejaban al intelecto ninguna posibilidad de manipulación. Se ofrecen desde su esencia única y nos muestran que se puede ser lo que se es sin pretensiones. Todo está presente, lo trascendente y lo cotidiano con la misma intensidad y lo único que podemos experimentar es nuestro asombro ante tanta belleza. Kado significa un paso más hacia uno mismo y el descubrimiento de algo que podemos tocar, la armonía. Nos permite entender que nuestra auténtica esencia es naturaleza y que simplemente observándola podemos comprenderla. Una técnica de flores que habla de tradición y de linaje, algo que se escapa a nuestra cultura tan lógica y nos dirige hacia un espacio donde la forma tiene su sentido. A través de las flores podemos dirigir nuestra expresión, conocer nuestros obstáculos y descubrir una nueva manera de relacionarnos con el mundo, la frescura de que no todo tiene que explicarse, que se puede simplemente observar y explorar en la naturaleza y comprender que no es exacta, que tiene sus defectos y sin embargo podemos trabajar con ellos. Kado es como una guía para regresar a lo esencial, a lo genuino. Nos enseña a observar, a descubrir como todo funciona por si mismo sin nuestra intervención, dejando a cada cosa expresar su propia esencia, a hacer de esa actitud una forma de vida y a disfrutar de la belleza que siempre está al alcance de la mano. Juana Piney - Madrid
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